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Cigarrillo y cáncer de vejiga

El hábito de fumar tiene efectos muy nocivos para la salud, muchos de los cuáles son ampliamente conocidos, cómo el daño al corazón y pulmón. Pero las alteraciones sobre la esfera urogenital, pese a su gravedad, son en general desconocidas por una gran mayoría de nuestra población. En esta área debemos mencionar que es factor causal importante en muchos casos de disfunción sexual masculina y en el cáncer de vejiga.

En esta ocasión nos referiremos a su papel en esta última enfermedad.
Desde hace largo tiempo estudios clínicos y epidemiológicos han demostrado que el fumar cigarrillos se relaciona con la aparición del cáncer de vejiga. Se ha podido determinar que por acción de la nicotina se producen desechos, acumulándose elementos cancerígenos, las aminas aromáticas, que el organismo metaboliza eliminándolas a través de la orina.

Diversos estudios han demostrado que el riesgo de desarrollar cáncer de vejiga es 2 a 5 veces mayor en los fumadores. Esta relacionado con la cantidad consumida al día, llegando al máximo con 20 cigarrillos, sobre este número permanece sin variación. También aumenta con la duración de este hábito, a mayor tiempo de fumador, mayor riesgo.

Pero, aún ante una exposición similar, el riesgo varía entre las personas lo que estaría relacionado con las vías metabólicas que cada individuo utiliza para eliminar las aminas aromáticas. Aquí juegan un papel muy importante nuestros genes, ya que ellos determinan la velocidad con la cuál realizaremos este proceso por medio de un mecanismo de acetilación. Las personas que genéticamente vienen determinadas para hacerlo en forma rápida tendrían menos posibilidades de desarrollar cáncer de vejiga que los lo hacen en forma lenta, lo que explica por qué algunos fumadores no desarrollan esta enfermedad. Desgraciadamente aún no disponemos de los medios para poder determinar quienes son más susceptibles y centrar nuestros esfuerzos sólo en ellos.

Al dejar de fumar el riesgo disminuye lentamente los 20 años siguientes, pero aparentemente nunca llega al nivel basal.
Por otra parte, en pacientes que ya han desarrollado un cáncer, estudios recientes muestran que continuar fumando hace más frecuente tanto la reaparición del cáncer, después del tratamiento, cómo la progresión o avance de la enfermedad.
Con estos antecedentes nos parece importante recomendar la suspensión del hábito de fumar como la mejor forma de prevención.

 

   
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