Departamento de Disfunciones Sexuales  

ORGASMO FEMENINO : ¿EL PLACER POSTERGADO?

La disfunción orgásmica consiste en la imposibilidad o dificultad de la mujer para lograr el orgasmo en la relación sexual. [1] Corresponde a una alteración de la última fase del ciclo de la respuesta sexual que puede expresarse como una anorgasmia primaria (la mujer nunca ha logrado orgasmo) o secundaria (generalmente asociado a un evento traumático). Esta disfunción sexual afecta aproximadamente a una de cada tres  mujeres en Chile, lo que nos muestra la importancia de abordar el tema para informar y dar ciertas luces sobre  el problema.

El placer sexual se encuentra estrechamente ligado a lo cultural. Antigüamente era casi una vergüenza para la mujer experimentar orgasmo, lo que importaba era su capacidad para satisfacer al hombre. Las cosas han ido cambiando y hoy es tan importante que el hombre como la mujer logren satisfacción. Las mujeres están más informadas y exigen a sus parejas un mejor desempeño sexual. Sin embargo nadie nos enseña a entender lo complejo y delicado de la sexualidad, así como a obtener placer sin culpa. Las mujeres han sido educadas sin conocer  sus cuerpos, sin aprender a respetarlo y sin saber cómo enfrentar la relación sexual. Es uno de los aprendizajes que se logra “en el camino” y como autodidacta, ambivalente entre una corriente cultural que impulsa a vivir el “amor puro” sin sexo, y otra corriente cultural que impulsa a vivir el sexo como una liberación de un impulso que no tiene por qué estar ligada al amor y al compromiso.

 El primer paso para una relación sexual satisfactoria es el conocimiento de la pareja en cuanto al erotismo mutuo, qué cosas son estimulantes y agradables para uno y otro, qué cosas estimulan y cuáles definitivamente bloquean el placer. El preámbulo de la relación sexual es fundamental, contar con las condiciones ambientales adecuadas, disponer de tiempo y tener una actitud de acogida mutua para abordar la relación sexual como un todo. Esto no es fácil  en un mundo agitado, exitista y donde la comunicación de la pareja no siempre es la más adecuada para lograrlo.

El segundo paso es perder el temor y atreverse a la exploración mutua en un marco de respeto de las necesidades del otro. No basta con la estimulación de zonas erógenas, no se trata de un acto mecánico de resultados inmediatos, juegan las expectativas, temores y afectos mutuos para un resultado satisfactorio para ambos.

El tercer paso, que tal vez es más difícil para el hombre por su formación cultural, es darle importancia a la comunicación y el lenguaje no verbal en la relación sexual. Privilegiar el contacto físico paulatino y lento durante el acercamiento erótico previo, respetar el tiempo de la pareja para despertar el deseo sexual y avanzar en la relación con un ritmo propio y particular. En general el hombre da más importancia a la acción, al resultado, para la mujer es de mayor relevancia el proceso, la preparación del encuentro sexual y fundamentalmente sentirse querida y valorada en su totalidad. La mujer mantiene estrechamente ligado el afecto a su capacidad de sentir placer, las frases como “me buscas solo cuando quieres tener sexo”, o “ya sé que cada cierto tiempo me buscan para tener sexo” son habituales en las mujeres que se sienten “usadas” y no aceptadas.

La mujer debe conocer su cuerpo, valorarlo, quererlo y ser capaz de expresar con sutileza sus propias necesidades en el plano sexual. De esta forma, su pareja estará en mejores condiciones de saber cuáles son las mejores estrategias para lograr el placer mutuo. El orgasmo femenino no es mecánico ni automático sino un fenómeno complejo que requiere ser abordado considerando la individualidad de cada uno. Es importante que la mujer se pregunte sobre el significado del orgasmo para ella, “en algunos casos las dificultades orgásmicas pueden reflejar incomodidad con la genitalidad, una pobre imagen corporal, dificultad con la fantasía o una renuncia para comunicar las necesidades a su pareja.” [2]

Por último, si se logra cumplir con los pasos señalados y a pesar de ello persisten dificultades pueden existir dificultades físicas o psicológicas que requieran una intervención para ser tratados, y en ese caso es conveniente que la pareja consulte con el fin de evaluar e intervenir en ese caso en particular.

                           Psic. Mónica Bendek S. (Univ. Católica)

                                   Psic. Andrea López de Santa María V. (Univ. Católica)

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