Departamento
de Disfunciones Sexuales
ORGASMO FEMENINO : ¿EL PLACER
POSTERGADO?
La disfunción orgásmica consiste
en la imposibilidad o dificultad de la mujer para lograr el orgasmo en
la relación sexual. Corresponde a una alteración de la última fase del
ciclo de la respuesta sexual que puede expresarse como una anorgasmia
primaria (la mujer nunca ha logrado orgasmo) o secundaria (generalmente
asociado a un evento traumático). Esta disfunción sexual afecta aproximadamente
a una de cada tres mujeres
en Chile, lo que nos muestra la importancia de abordar el tema para informar
y dar ciertas luces sobre el
problema.
El placer sexual se encuentra
estrechamente ligado a lo cultural. Antigüamente era casi una vergüenza
para la mujer experimentar orgasmo, lo que importaba era su capacidad
para satisfacer al hombre. Las cosas han ido cambiando y hoy es tan importante
que el hombre como la mujer logren satisfacción. Las mujeres están más
informadas y exigen a sus parejas un mejor desempeño sexual. Sin embargo
nadie nos enseña a entender lo complejo y delicado de la sexualidad, así
como a obtener placer sin culpa.
Las mujeres han sido educadas sin conocer sus cuerpos, sin aprender a respetarlo y sin saber cómo
enfrentar la relación sexual. Es uno de los aprendizajes que se logra
“en el camino” y como autodidacta, ambivalente entre una corriente
cultural que impulsa a vivir el “amor puro” sin sexo, y otra
corriente cultural que impulsa a vivir el sexo como una liberación de
un impulso que no tiene por qué estar ligada al amor y al compromiso.
El primer paso para una relación sexual satisfactoria es
el conocimiento de la pareja en cuanto al erotismo mutuo, qué cosas son
estimulantes y agradables para uno y otro, qué cosas estimulan y cuáles
definitivamente bloquean el placer. El preámbulo de la relación sexual
es fundamental, contar con las condiciones ambientales adecuadas, disponer
de tiempo y tener una actitud de acogida mutua para abordar la relación
sexual como un todo. Esto no es fácil en un mundo agitado, exitista y donde
la comunicación de la pareja no siempre es la más adecuada para lograrlo.
El segundo paso
es perder el temor y atreverse a la exploración mutua en un marco de respeto
de las necesidades del otro. No basta con la estimulación de zonas erógenas,
no se trata de un acto mecánico de resultados inmediatos, juegan las expectativas,
temores y afectos mutuos para un resultado satisfactorio para ambos.
El tercer paso, que tal vez
es más difícil para el hombre por su formación cultural, es darle importancia
a la comunicación y el lenguaje no verbal en la relación sexual. Privilegiar
el contacto físico paulatino y lento durante el acercamiento erótico previo,
respetar el tiempo de la pareja para despertar el deseo sexual y avanzar
en la relación con un ritmo propio y particular. En general el hombre
da más importancia a la acción, al resultado, para la mujer es de mayor
relevancia el proceso, la preparación del encuentro sexual y fundamentalmente
sentirse querida y valorada en su totalidad. La mujer mantiene estrechamente
ligado el afecto a su capacidad de sentir placer, las frases como “me
buscas solo cuando quieres tener sexo”, o “ya sé que cada
cierto tiempo me buscan para tener sexo” son habituales en las mujeres
que se sienten “usadas” y no aceptadas.
La mujer debe conocer
su cuerpo, valorarlo, quererlo y ser capaz de expresar con sutileza sus
propias necesidades en el plano sexual. De esta forma, su pareja estará
en mejores condiciones de saber cuáles son las mejores estrategias para
lograr el placer mutuo. El orgasmo femenino no es mecánico ni automático
sino un fenómeno complejo que requiere ser abordado considerando la individualidad
de cada uno. Es importante que la mujer se pregunte sobre el significado
del orgasmo para ella, “en algunos casos las dificultades orgásmicas
pueden reflejar incomodidad con la genitalidad, una pobre imagen corporal,
dificultad con la fantasía o una renuncia para comunicar las necesidades
a su pareja.”
Por último, si
se logra cumplir con los pasos señalados y a pesar de ello persisten dificultades
pueden existir dificultades físicas o psicológicas que requieran una intervención
para ser tratados, y en ese caso es conveniente que la pareja consulte
con el fin de evaluar e intervenir en ese caso en particular.
Psic. Mónica Bendek S. (Univ. Católica)
Psic. Andrea López de Santa María V. (Univ. Católica)
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